h1

Mi recoveco

2 Febrero 2010

Hace tiempo que no escribo
tiempo, que no miro.
Quise sentir lo que digo,
sin decir, “mudo, mi olvido”.
Respirar, no como siempre.
Sino, hacerlo y después paz.
Después. Más tarde.
Y cuando al fin
un vacío, un alarde,
que no llora porque
está cansado de llorar,
que no sonríe porque
está cansado de sonreír,
viene a verme desnudo,
tal como soy,
yo le regalo mi tiempo,
y en él,
la exquisitez de lo oculto,
desamparado abrigo,
cobijo de paja
y la textura de una pluma,
a volar, mi recoveco.
Porque con tanta humedad,
de mejillas relucientes,
y bombear lagrimal,
con saliva me hice un hueco
entre lo correcto y lo prohibido,
mejor que uno u otro, porque
tal vez así, me quedé seco.

por Jesuli

h1

Por la escuadra

12 Enero 2010

No termino de creerlo. En serio, sorprendente, cuanto menos.

Había una carta para mí. Reescribo brevemente lo más reseñable:

Estimado/a Jesús:
Después de leer y estudiar su poema, el Comité de Selección lo ha catalogado en nuestro concruso, Caminos Inciertos, como semifinalista. El jurado está trabajando y esperamos conocer el poema ganador a mediados de Febrero. Como semifinalista tendrá usted la oportunidad de ganar el premio de 150 Euros en efectivo. Le deseamos mucha suerte. [...]
Esto no es todo…
Imagine su poema en un precioso libro antológico.
Para celebrar el talento único que usted ha demostrado, queremos publicar su poema en lo que promete ser uno de los libros de colección más preciados: “Caminos Inciertos”
[...]
P.D. Jesús, debe estar orgulloso de su logro. De los miles de poemas que leemos cada año, solo puede publicarse una pequeña fracción. Estamos satisfechos de que “De todos, de nadie”
(Así se titula el poema) va a recibir el reconocimiento que una publicación, a escala internacional, puede conseguirle.
[...]

Pa’ meá’ y no echá’ gota.

El poema no lo puedo publicar por motivos judiciales, de copyright y ese rollo. El que quiera leerlo que se compre el libro. Ahora tengo que contestarle y permanecer a la espera. Esto, aunque se quede aquí, y no llegue a más, para mí ya es un pelotazo, un gol por toda la escuadra. Esa filosofía del “Paso a paso” parece no perecer nunca, y avanzar de manera pausada pero con intensidad, ganas y sentimiento; esa filosofía, hace que siga adelante día a día gracias a todos los que estais ahí para alentar a base opinión y seguimiento.

Mi más profundo agradecimiento, porque sin ustedes, estoy seguro, no escribiría como escribo con ustedes.

Un fuerte abrazo.

por Jesuli

h1

Medio cigarro [III]

7 Enero 2010

-Chico, eres un portento, y por si no lo sabes, un portento es algo bueno. Es algo que está por encima de los demás. Verás, la mayoría tiende a coger lo que le ofrece el mundo en general. Yo mismo, me he servido del bocadillo que tú mismo me has ofrecido. Pero tú, tú eres diferente, no importa lo que haya entre tus manos, lo que deje de haber, porque si lo que te ofrece el mundo no es suficiente, le pides más, y todo ello, sin ningún tapujo ni ningún prejuicio. Tú no me conoces, pero has venido aquí porque así mismo lo has querido, sin importar la bronca que puedan echarte los vecinos o tus padres por acercarte a mí. Existen muchos tipos de habladurías sobre mí en este barrio, pero me da igual, porque todas son mentiras. Entiende que, todo lo que nos rodea forma parte de nuestras vidas, y tú formas parte de la mía por lo mismo, y por ello, eres un portento. No podría decírtelo, de hecho nunca lo hubiese sabido, de no haber venido hasta aquí a compartir unos minutos de tu vida, hasta ahora corta. Yo quiero que sepas, que para mí esto ha sido muy importante, y aunque tú no seas consciente de lo que ha sucedido y lo tengas en cuenta poco tiempo después de este presente, yo no lo voy a olvidar nunca.

El niño, asombrado por las palabras pronunciadas por el vagabundo, le preguntó entusiasmado por qué no olvidaría nunca ese momento.

-Porque desde primera mano, yo nunca supe bien, en ningún momento, por qué llevo apagada la colilla de tabaco. Sé adónde voy, y por qué no me gustan las cocinas. Yo soy feliz, aunque nadie se preocupe por mí. Y sí, paso frío por las noches, siento punzadas en los pies los días de invierno, y me mojo cuando no tengo un techo en el que cobijarme, pero soy feliz, porque yo lo decidí así, porque pienso de una forma, y tal como pienso actúo, quizás por eso no tenga cocina. Lo importante es, que duermo tranquilo. Y llevo medio cigarro en la oreja apagado, porque un día decidí no seguir quemándome lo labios. Porque cuando uno se quema, duele. Y prefiero pasar frío, y dormir tranquilo, aunque tiritando, que quemarme todos los días con un techo y unas mantas que cubran y aguarden en calor mi vejestorio cuerpo. Vale más un estornudo de neumonía por fresco, cuando expulsas algo, no sé muy bien qué, que dejarlo todo siempre dentro por estar en una temperatura agradable. No es temor por el fuego, en realidad es más la posibilidad de ignorarlo, porque te recuerdo, que si te quemas, duele. De todas formas, creo que no has entendido muy bien lo que estoy diciendo, al fin y al cabo, eres un niño.
Ante las palabras de aquel hombre, el niño sólo honró su jerarquía infantil, diciendo, nuevamente, una verdad abrumadora.

-No sé si lo he entendido o no, pero estás sonriente, y eso es bueno, estoy seguro. ¿Y sabes una cosa? Sólo por hablar conmigo, tú también eres como yo, un portento.

Fin.

por Jesuli

h1

Medio cigarro [II]

6 Enero 2010

Hasta entonces, todo parecía ser igual en su día a día. El sol salía, los chicos iban a la escuela, sus coetáneos paseaban y compraban pan, a la tarde los adolescentes se daban besos por la plaza, y el sol se ponía.

Un día, una vez, fue diferente, para él, y para un muchacho que se le acercó a preguntarle si quería algo de pan para comer. Sin ningún tipo de escrúpulos; pasando por encima de todos los rumores y venciendo a las posibles represalias que vendrían tras aquel contacto verbal, el muchacho, con buena voluntad, con gran devoción y tranquilidad, y sin ser consciente de que es así como realmente, pienso, que se debe actuar, le estaba ofreciendo su desayuno. El pan que preparó su madre con cariño y esmero, que se rebanaba entre mantequilla y jamón york, ese pan, que estaba predestinado a su paladar, ese niño, que estaba predispuesto a no comerlo, con sólo saltarse una mísera regla, escupió al destino, de manera que quedó por encima de todos aquellos que obedecen y agachan la cabeza para no ver más allá de una realidad inventada. Todo ello sin tener más uso de razón que el que le ha otorgado la naturaleza con su edad.

Musitó, con algo de reparo, -¿tienes hambre?, ¿quieres mi bocata?- El trotamundos, sorprendido por aquel anómalo detalle, le dijo que sí, y le invitó a que le acompañase unos minutos, al menos, los que durasen los mordiscos, que no serían muchos; ni minutos, ni mordiscos. Masticaba rápido, como si no hubiese comido en tres semanas, y mientras, el niño, ingenuo, lo miraba asombrado. ¿Cómo algo con lo que uno tiene todos los días y que no produce ningún elenco de satisfacción, puede en otro, ser un manjar tan exquisito y delicioso? El niño, como tal, no dejó en el aire su propia duda, porque es un niño, y los niños no tienen reparo alguno en solventar sus inquietudes, para que luego digan que son ellos los que tienen que aprender de los mayores. –Si te gusta tanto, por qué no lo comes más a menudo?- El errante miro al frente mientras terminaba de tragar, se limpió un poco la boca con la manga de su chaqueta, y le contestó, -no soy yo el que decide lo que como o lo que dejo de comer, exactamente igual que tú, sólo hay una pequeña diferencia, tú, aún así tienes cocina, y yo no.- El chaval parecía no terminar de entender lo que le habían dicho, pero le contestó de forma contundente, que él es lo suficientemente mayor como para tener una cocina. El transeúnte quiso encontrar en la mirada de aquel niño una fuente de razón, pero no la encontró, y como el niño, él tampoco tuvo reparo en decírselo. –Eso que dices es una verdad como un templo, pero por el mundo hay personas que deciden no tener cocina nunca, aunque tengan edad para saber entender cada botón de cada electrodoméstico. Yo soy una de esas personas, no quise nunca tener cocina.- El niño seguía debatiéndose entre la incertidumbre tras las palabras del señor de al lado, y prosiguió con su cuestionario. -¿Pero qué tienen de malo las cocinas?, ¿a caso no te gustan los electrodomésticos?, ¿o es más bien miedo a alguno de ellos?, es el fuego, ¿verdad?, por eso no terminas nunca de encenderte ese medio cigarro que llevas siempre en la oreja, y cuando fumas, es de alguno que venga encendido ya. Él estaba disfrutando de los últimos bocados con su mirada siempre al frente, pero perdida. –Las cocinas no tienen nada de malo, a día de hoy, parece que todos deben tener una para poder comer caliente. Y el fuego, es parte de esa calentura. Puede que aquel niño no entendiese nada, o tal vez, lo entendiese todo.

Su frescura, y su avispado desparpajo, se contrastaban con la ingenuidad de un niño de su edad. –El calor, y el fuego, son peligrosos, mi madre lo dice siempre, no toques esto, no toques lo otro, porque te vas a quemar, y cuando uno se quema, duele.-

por Jesuli

h1

Medio cigarro [I]

5 Enero 2010

Él era mayor, más de medio siglo habían sido recorridos por sus planos pies. El sol encontraba obstáculos en forma de grietas por su rostro. Tenía una piel morena, unos ojos oscuros, y una nariz redonda y voluptuosa. Caminaba con zapatos de charol desgastados y pasados de moda, sin brillo alguno. Su figura se vestía con un traje estrafalario y descosido, una camisa desabrochada por su parte superior, amarillenta, que en su día pudo ser de un blanco impecable. Su mirada era incierta, sus manos no eran de buen pulso, sus orejas tenían los lóbulos decaídos. Nadie sabe dónde vivía, de dónde salió, y a dónde se dirigía. Paseaba por las calles de aquel barrio como si de su trabajo se tratase, y se ganase así la vida. No tenía amigos, no hablaba con nadie, de hecho, nunca nadie le escuchó hablar. Decían que era mudo. Aceptaba las limosnas que por caridad o autocomplacencia le ofrecían en su constante senda. Parecía verdaderamente miserable, y lo que más decadencia producía al verlo, era esa entrañable sonrisa intachable de su cara. Ni el apabullador hambre, ni el hosco frío, ni la inaguantable soledad le hacían cambiar su aspecto. Como si fuese un hábito más del día, él sonreía.

A la estrepitosa estampa, a ojos del personal que lo frecuentaba todos los días, había que añadirle un característico detalle: Un cigarrillo a medias, apagado y apoyado en su oreja izquierda. Él fumaba siempre que podía, y “siempre que podía”, no era precisamente con frecuencia.

La gente lo miraba de arriba abajo. Mal. Como si de un peligroso transeúnte se tratase. Un drogadicto deteriorado y marginado, enganchado a la heroína que trajeron al barrio los gitanos hará dos décadas. Un tío loco que se enfrentaba todos los días a un mundo diferente al de los demás. El viejo que rebusca en la basura para comer cuando nadie lo mira; y es curioso que lo tachasen de todo eso, mas nunca se le pudo ver haciendo daño, drogándose con heroína, delirando en plena calle, o indagando en contenedores de residuos orgánicos.

Él sólo caminaba, sonreía, y fumaba cuando podía. Era lo único que se sabía objetivamente de él. Lo único. Y en lugar de eso, centenas de leyendas negras a sus espaldas. Sus convecinos creaban su pasado, y su creación les atemorizaba a todos. Muchas madres del barrio temían asomadas a la ventana, cuando sus hijas se retrasaban en la hora de su recogida: podría hacerles daño. Tras la alarma social, la policía lo intervino, y en repetidas ocasiones, buscando en él pistas que demostrasen en parte aquellos rumores. Pero nunca encontraban nada. Él les sonreía siempre, pese a los escándalos formados por los mismos policías en sus interrogatorios intimidatorios. Les sonreía a ellos, y le sonreía a todos los demás. Ya fuesen ricos o pobres, viejos o jóvenes. No había distinción, no había clases. Para él todos eran iguales, pese a vestir diferente, pese a ignorarlo o socorrerlo, pese a todo. Parecía que para él, todo el mundo merecía su sonrisa.

por Jesuli

h1

Medio cigarro (Presentación)

4 Enero 2010

Nos ha costado, pero hemos vuelto. Esta vez os traigo un relato, y se llama, Medio Cigarro. Narro una historia de un vagabundo. Lo iré colgando al igual que hice con Memorias de Testosterona, poco a poco, para adaptarme a lo que viene siendo la dinámica del blog. Serán tres partes, para no dar mucho por saco, y así ni que sepa a mucho, ni que sepa a poco. Mañana os traeré el primer tomo, hasta hoy sólo puedo deciros que feliz año nuevo, y que sigan visitándonos porque no estamos, precisamente, acabados.

por Jesuli

h1

Diciembre, final de año

28 Diciembre 2009

Se va otro año, y lo peor o lo mejor de todo (aún no lo tengo claro) es que se va en un parpadeo. Ya cumplimos medio año en WordPress, en el cual estamos muy contentos con nuestros resultados, en los que poco a poco, paso a paso, se va notando una cierta vinculación entre nosotros y las letras.

Ahora que estamos en épocas de celebraciones, quiero recordar que seguimos aquí. Con menos frecuencia, sí, pero aquí. Tal vez el descanso, la desconexión, o proyectos externos a este blog, disminuyan la movilidad del blog, pero no estamos precisamente quietos.

A ver qué tal se nos da el nuevo año que entra. Espero que todos ustedes sigan ahí, como ahí siguen tantos otros, como ahí hay que seguir sin elección ninguna, dándolo todo, por todos y cada uno de nosotros mismos, por otro año no de felicidad, sino de vitalidad, muchas gracias a todos.

El Apalanque, sigue aquí.

por Jesuli